jueves, mayo 28, 2009

La casa olerá a café apenas hayas llegado. Te detendrás ante la puerta buscando la llave en los bolsillos húmedos mientras la lluvia sigue empapándote el cuerpo y, apenas entrando, te toparás con la sala a oscuras. El perro saltará sobre ti meneando alegremente el rabo y el fuerte aroma del café recién hecho te llenará de golpe los pulmones. Te exprimirás el pelo con las manos, te despojarás de los converse y los calcetines que chorrearán agua y andarás descalza hasta la cafetera encendida. Tomarás una taza azul del estante y la llenarás hasta el borde con ese café amargo. Entonces el primer trago te quemará la garganta y te hará estremecer con violencia las tripas y el vientre vacío; las agruras inundarán lentamente tu boca al tiempo que el oscuro vicio se te pega a las paredes del estómago y te llena de un indómito calor por dentro.
La lluvia seguirá cayendo. Sostendrás la taza entre las manos, tu mirada se perderá con el cristal mojado de la ventana y escurrirá entre los trozos de cielo líquido que caen. Un relámpago surcará el cielo y el trueno te sacudirá de pronto el aturdimiento. Habrás estado ida un largo rato, y apenas vuelvas en ti, dejarás la taza sobre la mesa y abrirás de golpe la ventana.
La fría brisa revuelta con agua entrará desde el jardín y salpicará tu cara. Cerrarás los ojos mientras escuchas caer las gotas y las corrientes heladas te erizan la piel bajo la ropa húmeda. El perro se pegará a tus tobillos para tratar de lamerte los pies mojados; con la mirada fija en el cielo gris y centelleante, te sacarás los jeans de pesada mezclilla húmeda y andarás semidesnuda a lo largo de la sala sumida en tinieblas para ir abriendo una a una las ventanas. Al llegar al pie de las escaleras dejarás la playera de tela blanca y ahora transparente goteando como una paloma lánguida en el barandal de madera. Recorrerás de puntillas los peldaños y sólo se escuchará el murmullo de tus pies descalzos sobre la loza y el repiqueteo de la lluvia en el tejado.
Y mientras subes las escaleras te irás desabrochando el sujetador y liberando tus hombros enjutos y los brazos. La ventana del pasillo en la escalera se abrirá con un golpe sordo y la brisa húmeda y fría te erizará con un escalofrío la piel desnuda en la nuca y los pezones.
Afuera la lluvia habrá arreciado. Llegarás al segundo piso y seguirás abriendo una a una las ventanas, hasta que la tormenta entera atraviese la casa, puro viento y agua, sin oponer resistencia.
Te detendrás de repente ante el gran espejo que cuelga de la pared de tu habitación; tu imagen se perderá entre las sombras y sólo la tenue luz amarillenta de una farola que se filtra desde la ventana iluminará tu silueta.
Clavarás sin piedad la mirada en el cuerpo que ahora encuentras mancillado, ajeno; y con un abatido gesto te despojarás de tu última prenda hasta quedar desnuda por completo. Tus ojos recorrerán puntuales esa piel recién estrenada, esos pechos apenas besados, ese sexo perverso y ahora deshonrado. Y la lluvia inundará finalmente el interior de tu casa.
El llanto te sacudirá con violencia, y no perderás detalle de esas lágrimas que te escurren por la barbilla y gotean hasta el suelo, mezclándose en un charco de lluvia y agua. Tus sollozos serán tan estremecedores que no escucharás el timbre del teléfono, empezando asonar en ese instante. Los timbrazos se perderán entre el trueno y los lamentos, una y otra vez, hasta que el contestador automático emita un sonoro bip y se disponga a grabar el mensaje.
Entonces tu aflicción será interrumpida por aquella voz áspera que te dice desde un rincón de la habitación dame un motivo, dame un sólo motivo para irme y te juro que lo haré, y la comunicación se cortará bruscamente; tu conjoja se desvanecerá con esa misma urgencia mientras te quedas de piedra, ahora temblando y con los ojos cerrados para no ver más tu reflejo.
Tus oídos buscarán algún resquicio de tormenta, de relámpago, de trueno, algo que ahogue las palabras que ahora te retumban en la cabeza, y correrás hasta la terraza tropezando con las macetas porque aún estás ciega de espanto, para detenerte de golpe justo en el centro. Un soplo de viento helado se enroscará como danzando alrededor de tu cuerpo y lo sacudirá con espasmos rabiosos; y al no encontrar más la lluvia sobre tu cabeza te darás cuenta que se te ha metido adentro, que el trueno palpita ahora con estruendo en tu pecho y el relámpago se te ha vuelto un escalofrío permanente en las vértebras.
Te habrás quedado perpleja, desnuda e inmóvil bajo el cielo encapotado, percibiendo esa tempestad arremolinándose, pugnando por salir con una terrible prisa y un desespero; en cualquier momento, en cualquier momento,
Al abrir los ojos y cerrar las manos,
Y el silencio.

domingo, mayo 17, 2009

qué ganas de llorar ahora de vuelta la realidad, después de dos días de encierro en despoblado; se acaban los pays de nueces, los litchis, el cabrito, la tibieza del sol de campo.
qué nostalgia de esas horas tejiendo a la sombra del mezquite, el viento fresco que se enreda en las ramas y tus cabellos, cuando las golondrinas del estacionamiento abandonan sus nidos y sus crías y se remojan en los charcos junto a la alberca.
tan triste como las piedras del arrollo tiradas junto al río, casi unos infelices huevos de dinosaurio, lisos y blancos de soledad.
qué aciago aquel momento en la tormenta de la noche, cuando el cielo crujía de agua sobre la hacienda y los eucaliptos de la ventana, azotando con truenos y lágrimas las ventanas y robándose la luz en un suspiro, desvaneciéndola frente a nuestros ojos, como el epílogo de hoy, o quizás tan solo un nuevo preámbulo.
la pena al despedir a los dos viejos labradores negros y al heeler azul, con sus ojos cansados y el pelambre lleno de cadillos, qué amargura tan grande no verlos más correteando a las ovejas ni trotando junto a los caballos,
miras hacia atrás por la ventana de la camioneta, el camino que recorre un barrio de la esperanza con sus bardas de piedras amontonadas y de nopales, escuchando alguna canción en el ipod y ahora ya avanzando sobre la carretera, con los límites de la ciudad cerca y la espantosa certeza de una rutina y otras cosas peores a punto de empezar apenas te adentres en ella.

jueves, mayo 07, 2009

de todos modos para vos no es novedad
que el mundo
y yo
te queremos de veras


pero yo siempre un poquito más que el mundo

domingo, mayo 03, 2009

soy la persona más solitaria que conozco
tanto, que juego solitario en el ipod a las tres de la madrugada del domingo mientras escucho pink floyd

miércoles, abril 29, 2009

entonces te despiertas con la certeza de que el mundo se va a acabar pronto
lo dicen los titulares, el viento silencioso y fresco de la tarde, los dos transeúntes en la calle con la nariz y la boca cubiertas

hay señales de ello por todos lados
te lo dicen tus ovarios con quistes malditos, el orgasmo silencioso de ayer, nueve meses de píldoras anticonceptivas, las semillas negras de una pitaya como pulgas flotantes que te escurren por los dedos

miras alrededor, un rictus de placer, quizá también de dolor desencajándote la boca
la falda hasta arriba de los muslos, las rodillas abiertas sobre el sillón, los ojos entornados, la respiración entrecortada

el apocalipsis más patético en la historia de todos los tiempos
el país yéndose al carajo en medio de estornudos, fiebre, mocos, histeria colectiva, locales cerrados y toques de queda

y nada te importa más que beber lentamente el té verde de tu vaso con hielos, y encontrar el disco del mario kart para jugar en el DS

martes, abril 07, 2009



Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella
La eligen, te lo juro, los he visto
Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio

viernes, abril 03, 2009

me arrancaron el juicio en cuatro tajos

uno y medio arriba
dos abajo

this is the greatest moment of your life,
tyler says,
and you're off somewhere missing it


trago buches de sangre y agua mineral
dos trozos de gasa doblados en cuatro

this means something,
tyler says


seis inyecciones de anestesia
dos más en la zona lumbar
antibiótico
antiinflamatorio
la sangre que escurre mientras la aguja renuncia a la piel

listen to me,
tyler says,
open your eyes



cuatro monstruosas astillas de calcio y flúor envueltas en un pañuelo
apretadas en mi mano
el espejo me devuelve su sonrisa sanguinolienta
quebrada

pixies sliiiiiiiding the fuck out of the tv


open your eyes

domingo, marzo 15, 2009

escuchar folk junto con los ronroneos de marìe, y mi nostalgia de ti como si fueras la estrella que algún día me tatuaré en el antebrazo,
me ha puesto triste

lunes, marzo 09, 2009


El cielo, si es que existe, debe ser un instante de sexo congelado. Hablo del sexo con amor, del apasionado encuentro con el otro. Si el sexo fuera una cuestión puramente carnal, no necesitaríamos a nadie: quién nos iba a atender mejor en nuestras necesidades que nuestra propia mano, quién nos iba a conocer y querer más que esos cinco deditos aplicados. Si el onanismo no nos es suficiente es porque el sexo es otra cosa. Es salir de ti mismo. Es detener el tiempo. El sexo es un acto sobrehumano: la única ocasión en la que vencemos a la muerte. Fundidos con el otro y con el Todo, somos por un instante eternos e infinitos, polvo de estrellas y pata de cangrejo, magma incandescente y grano de azúcar. El cielo, si es que existe, sólo puede ser eso.

la hija del caníbal - rosa montero

jueves, marzo 05, 2009

este es un ejemplo de cómo las pinches crisis económicas mezcladas con una regla tardía llegan a jodernos todo el puto día