sábado, junio 14, 2008


cada ser es un himno destruido

- émile cioran


tengo una playera de Guns n' Roses que compré hace casi dos años y me pongo a veces una vez al mes, un trozo de hilo atado a la muñeca derecha, las uñas largas y mi dolor en la cabeza metiéndose como el mismo ratón de cada cuatro días en el agujero de siempre. en éste momento escucho una canción de as tall as lions, me gusta mucho el jazz y creo que jamás había escrito tan explícitamente sobre mí en un blog, pero le prometí a Shock hace mucho tiempo que lo haría y éste me pareció un buen momento. mis padres dicen que tengo una obsesión con el sexo y odian que haya dejado de ser virgen hace mucho tiempo, yo creo que tengo esa dependencia desde los catorce y la verdad siempre me ha tenido sin cuidado. en mi habitación hay tres posters, cuatro máscaras, una cama matrimonial, más libros que zapatos y ropa juntos y pelos de lolo en las sábanas. casi siempre escribo tres o cuatro oraciones en un párrafo para separar la última con un "y" y que le dé un tonito rítmico y más dramático; en la escuela decían que hacer eso estaba mal y a mi tampoco me importaba, en realidad. con una frecuencia parecida a la de mi playera de Guns, o cuando estoy a punto de tener mi irregular regla, me agarra lo sentimental y lo insoportable, me pongo de mamona, contesto con sarcasmo y también lloro. lloro quedito, sollozando a intervalos definidos, sin perder el ritmo como si ensayara mirándome al espejo, las lágrimas calientes escurriendo por el borde de los párpados, los labios enrojecidos y apretados. últimamente tomo a diario té negro o verde, y varios litros de agua; también como cuatro o cinco frutas al día, muy poca carne y le doy trocitos de pan a lolo por debajo de la mesa. también le doy besos en la nariz y sé que ladra histéricamente y gimotea cuando salgo de la casa. todos los días salimos a caminar media hora por el vecindario mientras oímos música en el ipod. le gusta orinar todos los postes y los árboles que encuentra a su paso y correr cuando la calle va de bajada. a mi me gusta jugar solitario en el ipod, escribir oraciones que entre sí no tienen sentido y recoger plumas tiradas en la calle. creo que tengo un problema muy cabrón para volver a escribir como lo hacía antes, siento que me faltan las ganas y se me han (casi) acabado los ridículos problemas con mis padres. a ellos nunca les gustó mi blog, siempre detestaron que escribiera obscenidades en él y que tanta gente las leyeran, pero tampoco pierden la oportunidad de decir en las primeras comuniones que su hijita es "escritora" y lee "muchos libros al año". antes si quería ser escritora, ahora en realidad ya no sé si hay algo que todavía quiera o pueda ser. también antes quería ser médico veterinario y criminóloga y tener una funeraria. mi hermano gemelo dice que tengo instinto protector de animales y que deberían apodarme "PETA". ahora voy con mi prima a hacer spinn en la mañana y en la tarde a clase de francés; y cuando me preguntan porqué les digo que es porque el alemán no me gustó. mis papás hablan alemán y a mi siempre me ha gustado llevarles la contraria. también se supone que se casaron vírgenes y creen en la derecha. hoy tengo diecinueve años, todas las partes de mi pequeño cuerpo enteras, 44 kilos de peso, dos intentos de suicidio a los 15, una larga temporada de anorexia durante la secundaria y otra aún más de "self harming" en la prepa, todo eso a cuestas, junto con las idas al psiquiatra que le siguieron. últimamente también me gusta jugar rockband con mis amigas y ver a la gente mientras juega guitar hero; el calor, mi corte de pelo, las letras de mi nombre, la galería de fotos de 333bracket, "are you gonna be my girl" de Jet y pintarme las uñas de los pies. a veces paso más tiempo en flickr, deviantart y youtube que el que paso en la escuela en un "típico" día de clases. desde que entré a ciencias de la comunicación la gente no ha parado de preguntarme qué haré de mi vida y por tercera ocasión en esta noche a mi me tiene sin cuidado. me desvelo casi todos los días, camino de puntitas y uso tapones en las orejas para poder dormir por las noches. me gusta más enumerar las cosas que me gustan que las que no, el ruiseñor que canta fuera de mi ventana en la madrugada, las películas de Kim Ki Duk y los libros de Murakami. también me gustan tus manos, tu pelo largo, y verte tocar guitarra. me gusta(s) cuando sacas fotografías y a veces aunque no lo admita, que tengas ganas de fotografiarme a mi. tus ojos verdes, tu fijación con las películas violentas y el olor a ti que ha quedado en mi playera de Guns n' Roses hoy que me abrazaste durante casi toda la función de cine.

viernes, junio 06, 2008




intento aguantarme las pinches ganas de llorar y no puedo, no seas pendeja, no seas pendeja, no vas a llorar por esto. el agua con azúcar le escurre por el pico y sus desorbitados ojos rojos se clavan en los míos; siento un poco de asco, está sucia, me tiembla la mano mientras me la aprieto contra el pecho; sacude la cabeza, el aguazúcar entró a las rendijas de su nariz, hace como que tose y en medio de las lágrimas sonrío. lolo a mis pies nos mira, seguro también piensa en lo ridículos que lucimos, en pijama y el cabello y las plumas alborotados, líneas de aguazúcar que se escurren entre mis piernas, y llanto sobre las mejillas. el ala rota chorrea sangre por mis dedos, las patas quebradas se le aprietan sobre si mismas con fuerza, casi con ira, clavando las uñas y sin poder separarse. puta madre, pinche necedad la mía de recoger animales moribundos en la calle, ya va una gata atropellada y con ésta son tres aves. acerco el gotero a su pico abierto, el líquido entra a su boca ávida, se revuelve entre mis manos, contra mi pecho y vuelve a encajar su mirada rojiza en la mía. no seas pendeja, no seas pendeja, mientras sus inmundas plumas tornasoladas tiemblan, llenas de sangre y azúcar, y también el llanto.


domingo, junio 01, 2008



justo en éste momento en monclova, coahuila, casi a la una de la mañana en la cama de un "four points by sheraton", las luces de la habitación apagadas, el ronroneo del aire acondicionado y los acompasados ronquidos de mi hermana, después de una primera comunión a las doce del día, tres paletas de hielo sabor a coco, una guerra de vasos con agua alrededor de la alberca y mi vestido malva empapado, tres cervezas bien heladas para mitigar el pinche calor hijo de la chingada, jícama con chile, dolor en la cabeza, y un tío que va juntando corcholatas en montoncitos para llevar la cuenta de las cervezas que se ha tomado. una siesta express en el hotel para despertar con el mismo dolor en la cabeza metiéndose como un ratón en su agujero, hay que cambiar el vestido mojado por otro con bolsas color anaranjado y mis pinches ojeras que me devuelve el reflejo al fondo del elevador, una pastilla de migraña para después salir de nuevo al puto calor seco y asfixiante de la calle, aire acondicionado, aire acondicionado, y un disco de alejandro fernández no deja de sonar en todo el camino, la casa de la tía en su vecindario fresa rebosante de gente que viene a seguir el festejo de la primera comunión, más mesas en el jardín y la lila encerrada tras las rejas, con su negro pelo de labrador enjaulado cayéndose y pegándose a mis manos. échame una copa de vino tinto, veinte vasos desechables con agua, y vamos a jugar guitar hero con la bola de primos en la sala y a bajar la espada láser de darth vader del estante sin que el tío andrés se de cuenta, necesito otra pastilla para el dolor de cabeza que me corroe la sien izquierda, los tíos siguen en el jardín riéndose de los chistes pelados del tío alejo y grabando el supuesto ovni que atraviesa el cielo, botanas en la mesa, tacos ridículamente pequeños de arrachera, mi padre sentado junto a mi y mi madre sacándonos fotos. el tibio aire norteño acariciándome la nuca cubierta de sudor, hace un chingo de calor y tengo sueño, después del alcohol y las pastillas aún me duele la cabeza, y a pesar de todo hacía tanto tiempo que no me sentía así de feliz durante todo un día.


lunes, mayo 26, 2008


tengo un muslo dormido, los cólicos de una regla tardía punzantes en el vientre y un examen el martes triturándome las uñas, mientras la ronca voz de billy eckstine se quiebra en las bocinas de la laptop

hay también un dolor sordo en mi rodilla derecha que laceró cada paso que di hoy, dos frescas y lozanas ampollas en mi pie por culpa de una sandalia rota y un compañero idiota de ésta mañana

tengo también varios meses sin escribir algo que valga la pena, borradores al por mayor formados en una sala de espera a punto de convertirse en cementerio y una infinidad de frases dándome vueltas la cabeza que por más que intento no consigo hilar




pero estoy cansada, tarumba,
estoy cansada




y ya no me quedan ganas sino de mirar y mirar


martes, mayo 13, 2008






mira,

me duele aquí,

entre el hígado,
el corazón
y el amor propio













son las diez diez, estoy a tres días de acabar clases y tengo ganas de vomitar.

martes, mayo 06, 2008




[...]
-No puedo hablar bien -dijo Naoko-. Me pasa desde hace un tiempo. Cuando intento decir algo, sólo se me ocurren palabras que no vienen a cuento o que expresan todo lo contrario de lo que quiero decir. Y, si intento corregirlas, me lío aún más, y más equivocadas son las palabras, y al final acabo por no saber qué quería decir al principio. Es como si tuviera el cuerpo dividido por la mitad y las dos partes estuviesen jugando al corre que te pillo. En medio hay una columna muy gruesa y van dando vueltas a su alrededor jugando al corre que te pillo. Siempre que una parte de mí se encuentra la palabra adecuada, la otra parte no puede alcanzarla.


tokio blues - haruki murakami




martes, abril 29, 2008

i feel like destroying something beautiful

sábado, abril 19, 2008

sábado, abril 05, 2008



autopsia.



Tengo dos semanas despertando cada mañana con el mismo lío de
desconcierto metido en el abdomen.


Y en la cabeza ni se diga.



Por eso ahora he preferido ignorarla



Ando todo el día

d e s
c a b



e z


a

d


a,

como si me la hubiera amputado para mayor comodidad



El corazón es otro tema.
Junto con el estómago, los intestinos, el hígado, los pulmones

Se ha transformado en una sola enorme víscera rabiosa y palpitante






pum pum, pum pum, pum pum





de solo sentirla viva dentro de mi
me da asco


martes, abril 01, 2008

Le gustaba quebrar vidrio.

Cuando la inquietud le quemaba los dedos, apenas el contacto con la superficie lisa de un envase de cristal lograba calmarla. Recorriendo desde el índice hasta el pulgar la forma de la botella, con la 'r' de vidrio atorada entre la lengua y los ojos entornados buscando la pared. Caminaba hasta el medio del jardín, sintiendo el césped húmedo metiéndosele entre los dedos, acariciándole los tobillos, mientras se aferraba con una mano al frasco como si estuviera a punto de caer.

Miraba desde lejos el muro deteriorado; las arcadas subiendo lentamente hasta su garganta, intentando avanzar arrastrando los pies. Con las piernas vacilantes se detenía a unos pasos de la pared. Una punzada en la sien taladrándole las ideas y náuseas vueltas en saliva que no dejaba de cubrirle entera cada espacio de la boca, cada grieta de la lengua. Cerraba los ojos un momento imaginándose hecha un ovillo sobre la cama. La mirada fija en la piel de las rodillas, como mirándose hacia adentro a través de las rótulas enjutas. Indiferente, aturdida. Y aún con los ojos cerrados un alarido repleto de asco brotaba desde sus entrañas revueltas de ansiedad. Las rodillas delgadas se desvanecían bajo los párpados y ante sus ojos sólo quedaba la blancura de la pared y el bramido inacabable que escapaba de entre sus pulmones, desde el envase de vidrio crispado entre los dedos, desde el brazo que junto con el grito tomaba impulso en el aire y arrojaba el frasco contra el concreto. El cristal se reventaba ante sus ojos abiertos y el grito aún resonante sobre la pared.

Los trozos de vidrio caían perdiéndose entre el pasto mientras su respiración agitada volvía a la normalidad y la angustia se le borraba de la mirada. Con pasos vacilantes se dirigía hacia la salida del jardín. Rodeaba los fragmentos de cristal hasta toparse con un trozo que levantaba de entre el montón y sujetaba con fuerza bajo la palma, sintiéndolo rasgar poco a poco la piel; para después empezar a alejarse vacilante, el césped húmedo metiéndosele entre los dedos, acariciándole los tobillos, mientras se aferraba con una mano a la esquirla de cristal como si estuviera a punto de caer.