intento aguantarme las pinches ganas de llorar y no puedo, no seas pendeja, no seas pendeja, no vas a llorar por esto. el agua con azúcar le escurre por el pico y sus desorbitados ojos rojos se clavan en los míos; siento un poco de asco, está sucia, me tiembla la mano mientras me la aprieto contra el pecho; sacude la cabeza, el aguazúcar entró a las rendijas de su nariz, hace como que tose y en medio de las lágrimas sonrío. lolo a mis pies nos mira, seguro también piensa en lo ridículos que lucimos, en pijama y el cabello y las plumas alborotados, líneas de aguazúcar que se escurren entre mis piernas, y llanto sobre las mejillas. el ala rota chorrea sangre por mis dedos, las patas quebradas se le aprietan sobre si mismas con fuerza, casi con ira, clavando las uñas y sin poder separarse. puta madre, pinche necedad la mía de recoger animales moribundos en la calle, ya va una gata atropellada y con ésta son tres aves. acerco el gotero a su pico abierto, el líquido entra a su boca ávida, se revuelve entre mis manos, contra mi pecho y vuelve a encajar su mirada rojiza en la mía. no seas pendeja, no seas pendeja, mientras sus inmundas plumas tornasoladas tiemblan, llenas de sangre y azúcar, y también el llanto.
viernes, junio 06, 2008
domingo, junio 01, 2008
justo en éste momento en monclova, coahuila, casi a la una de la mañana en la cama de un "four points by sheraton", las luces de la habitación apagadas, el ronroneo del aire acondicionado y los acompasados ronquidos de mi hermana, después de una primera comunión a las doce del día, tres paletas de hielo sabor a coco, una guerra de vasos con agua alrededor de la alberca y mi vestido malva empapado, tres cervezas bien heladas para mitigar el pinche calor hijo de la chingada, jícama con chile, dolor en la cabeza, y un tío que va juntando corcholatas en montoncitos para llevar la cuenta de las cervezas que se ha tomado. una siesta express en el hotel para despertar con el mismo dolor en la cabeza metiéndose como un ratón en su agujero, hay que cambiar el vestido mojado por otro con bolsas color anaranjado y mis pinches ojeras que me devuelve el reflejo al fondo del elevador, una pastilla de migraña para después salir de nuevo al puto calor seco y asfixiante de la calle, aire acondicionado, aire acondicionado, y un disco de alejandro fernández no deja de sonar en todo el camino, la casa de la tía en su vecindario fresa rebosante de gente que viene a seguir el festejo de la primera comunión, más mesas en el jardín y la lila encerrada tras las rejas, con su negro pelo de labrador enjaulado cayéndose y pegándose a mis manos. échame una copa de vino tinto, veinte vasos desechables con agua, y vamos a jugar guitar hero con la bola de primos en la sala y a bajar la espada láser de darth vader del estante sin que el tío andrés se de cuenta, necesito otra pastilla para el dolor de cabeza que me corroe la sien izquierda, los tíos siguen en el jardín riéndose de los chistes pelados del tío alejo y grabando el supuesto ovni que atraviesa el cielo, botanas en la mesa, tacos ridículamente pequeños de arrachera, mi padre sentado junto a mi y mi madre sacándonos fotos. el tibio aire norteño acariciándome la nuca cubierta de sudor, hace un chingo de calor y tengo sueño, después del alcohol y las pastillas aún me duele la cabeza, y a pesar de todo hacía tanto tiempo que no me sentía así de feliz durante todo un día.
lunes, mayo 26, 2008
tengo un muslo dormido, los cólicos de una regla tardía punzantes en el vientre y un examen el martes triturándome las uñas, mientras la ronca voz de billy eckstine se quiebra en las bocinas de la laptop
hay también un dolor sordo en mi rodilla derecha que laceró cada paso que di hoy, dos frescas y lozanas ampollas en mi pie por culpa de una sandalia rota y un compañero idiota de ésta mañana
tengo también varios meses sin escribir algo que valga la pena, borradores al por mayor formados en una sala de espera a punto de convertirse en cementerio y una infinidad de frases dándome vueltas la cabeza que por más que intento no consigo hilar
pero estoy cansada, tarumba,
estoy cansada
y ya no me quedan ganas sino de mirar y mirar
martes, mayo 13, 2008
martes, mayo 06, 2008
[...]
-No puedo hablar bien -dijo Naoko-. Me pasa desde hace un tiempo. Cuando intento decir algo, sólo se me ocurren palabras que no vienen a cuento o que expresan todo lo contrario de lo que quiero decir. Y, si intento corregirlas, me lío aún más, y más equivocadas son las palabras, y al final acabo por no saber qué quería decir al principio. Es como si tuviera el cuerpo dividido por la mitad y las dos partes estuviesen jugando al corre que te pillo. En medio hay una columna muy gruesa y van dando vueltas a su alrededor jugando al corre que te pillo. Siempre que una parte de mí se encuentra la palabra adecuada, la otra parte no puede alcanzarla.
tokio blues - haruki murakami
martes, abril 29, 2008
sábado, abril 19, 2008
sábado, abril 05, 2008
autopsia.
Tengo dos semanas despertando cada mañana con el mismo lío de desconcierto metido en el abdomen.
Y en la cabeza ni se diga.
Ando todo el díaPor eso ahora he preferido ignorarla
d e s
c a b
e z
a
d
a,
como si me la hubiera amputado para mayor comodidad
El corazón es otro tema.
Junto con el estómago, los intestinos, el hígado, los pulmones
Se ha transformado en una sola enorme víscera rabiosa y palpitante
pum pum, pum pum, pum pum
de solo sentirla viva dentro de mi
me da asco
martes, abril 01, 2008
Le gustaba quebrar vidrio.
Cuando la inquietud le quemaba los dedos, apenas el contacto con la superficie lisa de un envase de cristal lograba calmarla. Recorriendo desde el índice hasta el pulgar la forma de la botella, con la 'r' de vidrio atorada entre la lengua y los ojos entornados buscando la pared. Caminaba hasta el medio del jardín, sintiendo el césped húmedo metiéndosele entre los dedos, acariciándole los tobillos, mientras se aferraba con una mano al frasco como si estuviera a punto de caer.
Miraba desde lejos el muro deteriorado; las arcadas subiendo lentamente hasta su garganta, intentando avanzar arrastrando los pies. Con las piernas vacilantes se detenía a unos pasos de la pared. Una punzada en la sien taladrándole las ideas y náuseas vueltas en saliva que no dejaba de cubrirle entera cada espacio de la boca, cada grieta de la lengua. Cerraba los ojos un momento imaginándose hecha un ovillo sobre la cama. La mirada fija en la piel de las rodillas, como mirándose hacia adentro a través de las rótulas enjutas. Indiferente, aturdida. Y aún con los ojos cerrados un alarido repleto de asco brotaba desde sus entrañas revueltas de ansiedad. Las rodillas delgadas se desvanecían bajo los párpados y ante sus ojos sólo quedaba la blancura de la pared y el bramido inacabable que escapaba de entre sus pulmones, desde el envase de vidrio crispado entre los dedos, desde el brazo que junto con el grito tomaba impulso en el aire y arrojaba el frasco contra el concreto. El cristal se reventaba ante sus ojos abiertos y el grito aún resonante sobre la pared.
Los trozos de vidrio caían perdiéndose entre el pasto mientras su respiración agitada volvía a la normalidad y la angustia se le borraba de la mirada. Con pasos vacilantes se dirigía hacia la salida del jardín. Rodeaba los fragmentos de cristal hasta toparse con un trozo que levantaba de entre el montón y sujetaba con fuerza bajo la palma, sintiéndolo rasgar poco a poco la piel; para después empezar a alejarse vacilante, el césped húmedo metiéndosele entre los dedos, acariciándole los tobillos, mientras se aferraba con una mano a la esquirla de cristal como si estuviera a punto de caer.
Cuando la inquietud le quemaba los dedos, apenas el contacto con la superficie lisa de un envase de cristal lograba calmarla. Recorriendo desde el índice hasta el pulgar la forma de la botella, con la 'r' de vidrio atorada entre la lengua y los ojos entornados buscando la pared. Caminaba hasta el medio del jardín, sintiendo el césped húmedo metiéndosele entre los dedos, acariciándole los tobillos, mientras se aferraba con una mano al frasco como si estuviera a punto de caer.
Miraba desde lejos el muro deteriorado; las arcadas subiendo lentamente hasta su garganta, intentando avanzar arrastrando los pies. Con las piernas vacilantes se detenía a unos pasos de la pared. Una punzada en la sien taladrándole las ideas y náuseas vueltas en saliva que no dejaba de cubrirle entera cada espacio de la boca, cada grieta de la lengua. Cerraba los ojos un momento imaginándose hecha un ovillo sobre la cama. La mirada fija en la piel de las rodillas, como mirándose hacia adentro a través de las rótulas enjutas. Indiferente, aturdida. Y aún con los ojos cerrados un alarido repleto de asco brotaba desde sus entrañas revueltas de ansiedad. Las rodillas delgadas se desvanecían bajo los párpados y ante sus ojos sólo quedaba la blancura de la pared y el bramido inacabable que escapaba de entre sus pulmones, desde el envase de vidrio crispado entre los dedos, desde el brazo que junto con el grito tomaba impulso en el aire y arrojaba el frasco contra el concreto. El cristal se reventaba ante sus ojos abiertos y el grito aún resonante sobre la pared.
Los trozos de vidrio caían perdiéndose entre el pasto mientras su respiración agitada volvía a la normalidad y la angustia se le borraba de la mirada. Con pasos vacilantes se dirigía hacia la salida del jardín. Rodeaba los fragmentos de cristal hasta toparse con un trozo que levantaba de entre el montón y sujetaba con fuerza bajo la palma, sintiéndolo rasgar poco a poco la piel; para después empezar a alejarse vacilante, el césped húmedo metiéndosele entre los dedos, acariciándole los tobillos, mientras se aferraba con una mano a la esquirla de cristal como si estuviera a punto de caer.
lunes, marzo 24, 2008
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