apenas llegamos a la hacienda y yo ya había mentido dos veces; pero no pude evitarlo, en cuanto la señora beatríz se me fue encima con los brazos de matrona bien abiertos dije si claro, me encuentro perfectamente bien, y si, por supuesto que se me apetece un refresco con hielos. mentira, mentira, tenía el mareo de toda la terracería aún dándome vueltas la cabeza y unas ganas de orinar amarradas desesperadamente entre las piernas. y lo del refresco, detesto el refresco, en especial con hielos, pero me lo bebí obedientemente hasta dejar limpios los hielos y desaparecí con diligencia de la cocina. después las horas transcurrieron líquidas sobre esa tarde quieta y tibia, como en aquel cuadro de dalí pero con un poco menos de surrealismo. haydee y su haceseismesesestrenadomaridodeojosazules desaparecieron en alguna de las muchas habitaciones que rodean la fuente y el jardín del centro de la hacienda mientras yo recorría los pasillos con un trozo de queso ahumado italiano en la mano rumbo a la sala. el piso de madera crujiendo bajo los pasos, las mismas figuras de cerámica de todos los años, la luz ocre y horizontal atravesando los enormes ventanales que se abren ante la alberca y el resto del terreno, la chimenea al fondo de la habitación, una enorme lámpara con mil lenguas colgantes de vidrio rojas, anaranjadas, amarillas que se balancea sobre mi cabeza y los mullidos sofás y sillones que parecen abrazarse a mi cuerpo cuando me dejo caer sobre ellos con un gemido por la espalda dolorida víctima del sexo ofuscado y clandestino de ayer. y las horas acuosas que se me confundían con las páginas y páginas leídas del libroladrillo sobre el sillón. la temperatura bajaba, habitación se oscurecía y el alcohol parecía aflojar cada vez más el discurso de mis padres y los demás señores en la cocina. mas tarde salieron de la habitación y la casa pareció recogerse en un extraño silencio; un silencio tan profundo y raro que hería los tímpanos. levanté los ojos del libro y las vértebras de cuello crujieron al mirar en torno a mi y encontrar los árboles agitados con un violento viento y nada más. seguro que había estado leyendo demasiado murakami durante un montón de horas seguidas sin tomar un respiro ni descansar, porque ese silencio me recordó de súbito y con un escalofrío al pozo del señor pajaro-que-da-cuerda y aún horas después el recuerdo no desvanecerse ni con el retorno de la gente ni con el bullicio.
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5 comentarios:
Estos domingos suelen ser de lo más aburridos, más cuando tienes que juntarte para hacer trabajos y lo único que haces por cinco horas es quedarte viendo... definitivamente hubiera preferido mil veces pasar un domingo como el tuyo y contigo...
tamD
K
kiu..
en cuanto a tu comentario, vososdios? *lease con tonito de alejo, jojoooojo (ese de carlitox)
.. eso fue una piedra menos en el camino, dicho de otra forma, un paso más bien dado sin tropezar, o más bien después del tropiezo
andaba yo hoy sumido en una tarde tediosa, de esas que pueblan habitualmente mi rutina y me he encontrado con esta tuya, quieta y líquida... y, joder, me he quedado raro; sumido en esa burbuja como de estupor narcótico que me ha dejado a oscuras (pues el sol se ha escondido tras el horizonte que hay más allá de la ventana) y pensando en nada, en una nada grande y blanca que se ha comido cuatro horas de un bocado... cuatro horas que han sido deliciosas, de esas en que creo comprender porqué alguien se mete una hipodérmica en la vena cargada de brown sugar y desaparece
un muá muy gordo...
Por fin yo me animé y leí Tokyo Blues, empecé cierto día en la tarde, apenas comí, leí, apenas cené, leí, y sencillamente se volvió adictivo, ese día no dormí (la noche también fue líquida a mi alrededor) hasta terminar y só(o)lo entonces, desayuné. Pero me dejó un dejo de vacío, luego le cuento la idea. Aunque ya quiero leer otro de él, qué raro. Debería recordarme las recomendaciones. Por favor. Un saludo.
hola miss, pase a saludarla y a decirle na mas que la quiero, pa q no se le olvide.
carajo miss no deje de escribir!
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