Le gustaba quebrar vidrio.
Cuando la inquietud le quemaba los dedos, apenas el contacto con la superficie lisa de un envase de cristal lograba calmarla. Recorriendo desde el índice hasta el pulgar la forma de la botella, con la 'r' de vidrio atorada entre la lengua y los ojos entornados buscando la pared. Caminaba hasta el medio del jardín, sintiendo el césped húmedo metiéndosele entre los dedos, acariciándole los tobillos, mientras se aferraba con una mano al frasco como si estuviera a punto de caer.
Miraba desde lejos el muro deteriorado; las arcadas subiendo lentamente hasta su garganta, intentando avanzar arrastrando los pies. Con las piernas vacilantes se detenía a unos pasos de la pared. Una punzada en la sien taladrándole las ideas y náuseas vueltas en saliva que no dejaba de cubrirle entera cada espacio de la boca, cada grieta de la lengua. Cerraba los ojos un momento imaginándose hecha un ovillo sobre la cama. La mirada fija en la piel de las rodillas, como mirándose hacia adentro a través de las rótulas enjutas. Indiferente, aturdida. Y aún con los ojos cerrados un alarido repleto de asco brotaba desde sus entrañas revueltas de ansiedad. Las rodillas delgadas se desvanecían bajo los párpados y ante sus ojos sólo quedaba la blancura de la pared y el bramido inacabable que escapaba de entre sus pulmones, desde el envase de vidrio crispado entre los dedos, desde el brazo que junto con el grito tomaba impulso en el aire y arrojaba el frasco contra el concreto. El cristal se reventaba ante sus ojos abiertos y el grito aún resonante sobre la pared.
Los trozos de vidrio caían perdiéndose entre el pasto mientras su respiración agitada volvía a la normalidad y la angustia se le borraba de la mirada. Con pasos vacilantes se dirigía hacia la salida del jardín. Rodeaba los fragmentos de cristal hasta toparse con un trozo que levantaba de entre el montón y sujetaba con fuerza bajo la palma, sintiéndolo rasgar poco a poco la piel; para después empezar a alejarse vacilante, el césped húmedo metiéndosele entre los dedos, acariciándole los tobillos, mientras se aferraba con una mano a la esquirla de cristal como si estuviera a punto de caer.
Cuando la inquietud le quemaba los dedos, apenas el contacto con la superficie lisa de un envase de cristal lograba calmarla. Recorriendo desde el índice hasta el pulgar la forma de la botella, con la 'r' de vidrio atorada entre la lengua y los ojos entornados buscando la pared. Caminaba hasta el medio del jardín, sintiendo el césped húmedo metiéndosele entre los dedos, acariciándole los tobillos, mientras se aferraba con una mano al frasco como si estuviera a punto de caer.
Miraba desde lejos el muro deteriorado; las arcadas subiendo lentamente hasta su garganta, intentando avanzar arrastrando los pies. Con las piernas vacilantes se detenía a unos pasos de la pared. Una punzada en la sien taladrándole las ideas y náuseas vueltas en saliva que no dejaba de cubrirle entera cada espacio de la boca, cada grieta de la lengua. Cerraba los ojos un momento imaginándose hecha un ovillo sobre la cama. La mirada fija en la piel de las rodillas, como mirándose hacia adentro a través de las rótulas enjutas. Indiferente, aturdida. Y aún con los ojos cerrados un alarido repleto de asco brotaba desde sus entrañas revueltas de ansiedad. Las rodillas delgadas se desvanecían bajo los párpados y ante sus ojos sólo quedaba la blancura de la pared y el bramido inacabable que escapaba de entre sus pulmones, desde el envase de vidrio crispado entre los dedos, desde el brazo que junto con el grito tomaba impulso en el aire y arrojaba el frasco contra el concreto. El cristal se reventaba ante sus ojos abiertos y el grito aún resonante sobre la pared.
Los trozos de vidrio caían perdiéndose entre el pasto mientras su respiración agitada volvía a la normalidad y la angustia se le borraba de la mirada. Con pasos vacilantes se dirigía hacia la salida del jardín. Rodeaba los fragmentos de cristal hasta toparse con un trozo que levantaba de entre el montón y sujetaba con fuerza bajo la palma, sintiéndolo rasgar poco a poco la piel; para después empezar a alejarse vacilante, el césped húmedo metiéndosele entre los dedos, acariciándole los tobillos, mientras se aferraba con una mano a la esquirla de cristal como si estuviera a punto de caer.

6 comentarios:
Esplendido, mi querida señorita
una vez más paso por este espacio y, como es costumbre, no quedo insatisfecho. Al parecer la falta de práctica no le hace daño alguno a esa manera tan peculiar de escribir.
Espero que siga apareciéndose por estos rumbos con más frecuencia, pues se le suele extrañar.
Pd. Mi amigo Salvador D. la manda saludar
usted, usted, usted...dios, cada que la leo me suele faltar el aire!!!
rebentar cristal es uno de los actos más liberadores que he experimentado, sin duda ninguna...
qué gusto da verte mimar las letras con ese cariño!
PP. te he dejado un regalo en el mail... uno de esos temas que cuando los escucho me entran unas irrefrenables ganas de sacarme la angustia de dentro haciéndola estallar contra el muro del jardín, para luego comprobar que, aunque rota, ahí sigue
Hoy en la mañana pasé por aqui, no le dejé nada dicho, porque me quedé sin nada que decir. Gracias por este texto! Por cierto, estoy bien, puede que muy bien pero no sé, he llegado a estar mejor, ahora mismo voy a buscar por ahi algún café para hablar conmigo, me hago falta. Espero que se encuentre, usted si, MUY bien. Un saludo, o mejor un abrazo =)
Me gusta como escribes... me recuerdas a alguien, pero tu sí escribes bien lo que aquella sólo sabía pensar.
La sensación del contacto con el cristal es muy diferente cuando eres el blanco de una botella lanzada por una mano de mujer sumamente rencorosa.
Con permiso.. seguiré leyendo tu blog, me caiste bien jaja. Veamos que más se te cayó por aquí.
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